Lo que creemos

POSICIÓN DOCTRINAL DE LA IGLESIA NUEVA VIDA INTERNACIONAL (INVI)

En todo lo que en esta iglesia esté relacionado a los asuntos de fe, doctrina, práctica, política y disciplina, nuestra Junta Directiva constituye la autoridad interpretativa final en cuanto al significado y la aplicación de las enseñanzas de la Biblia; Y reconociendo que existen diferentes puntos de vista al interpretar la Biblia, presentamos nuestra posición eclesiástica para las diferentes doctrinas que enseña la Palabra de Dios.

La Biblia es nuestra autoridad final para todos los asuntos de fe y conducta.

Creemos que la Biblia, solo la Biblia y toda la Biblia, en sus 66 libros canónicos, es la Palabra de Dios. En este documento solamente son mencionadas algunas de las doctrinas y ordenanzas bíblicas que creemos; dejando claramente entendido que para nosotros en la Iglesia Nueva Vida, TODA la Biblia es la única y última fuente de todo lo que creemos; y es la autoridad final y suprema con respecto a todos los asuntos de fe y conducta.

Creemos que las Sagradas Escrituras son completamente originadas de Dios, inspiradas por Dios y hablan con la autoridad de Dios; y que fueron dadas a través de hombres escogidos. (1Tesalonicenses 2:13; 2 Timoteo 3:15-17; 2Pedro 1:21). Son, sin duda, “aliento de Dios”; y al mismo tiempo reflejan los antecedentes, estilos y vocabularios de los autores humanos.

Creemos que no hay ninguna otra escritura así, inspirada por Dios. Creemos que la Biblia es infalible y sin errores en los manuscritos originales; y aceptamos la validez de las copias de los manuscritos conocidos como “Textus Receptus” o “Texto Mayoritario”. Para nuestra guía eclesiástica, aceptamos las siguientes traducciones de las Sagradas Escrituras: En español, La versión “Reina-Valera 1960” o sus versiones anteriores; y en inglés, “King James Version” y “New King James Version”. Todas las demás versiones y traducciones, son solamente consideradas válidas para fines de comparación.

 

Creemos que la Biblia tiene el propósito de instruirnos en nuestro diario vivir y nos habla sobre la verdad, la moral y el buen desarrollo de la humanidad.

Creemos que las Sagradas Escrituras pueden hacer sabios a los creyentes para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

 

 

toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2Timoteo 3: 15-17).

Creemos en un solo Dios viviente, Soberano del universo, Creador y sustentador de los cielos y la tierra; y de todo lo que existe. Redentor de la humanidad, Eterno, Todopoderoso, infinitamente perfecto en santidad, verdad y amor; y que se ha revelado Él mismo como el eterno “Yo Soy.” Dios se ha revelado también a sí mismo manteniendo los principios de relación y de asociación como Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la unidad de la Deidad hay tres Personas eternamente co- existentes y co- iguales: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre no es el Hijo y el Hijo no es el Espíritu Santo; sin embargo, cada uno es Dios verdadero. Un Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es la base de la vida y la fe cristiana. (Deut. 6:4; Salmo 33:6; Isaías 43:10-13; 44:6-8; Mateo 28:19; Lucas 3:22; 1Juan 5: 6-8)

 

Creemos que Dios el Padre es el Creador de los cielos y la tierra. Por Su Palabra y para Su gloria, Él, libremente, creó el mundo de la nada.

Creemos que todas las cosas proceden del Padre y que Él sostiene a todas sus criaturas. Él es fiel a todas sus promesas. Hace todo para el bien de aquellos que le aman; y en su insondable gracia, dio a Su Hijo Jesucristo para la redención de la humanidad. Creó al hombre para que tuviera comunión con Él y con la intención que toda la creación debía vivir para proclamar Su gloria (Apoc. 4: 9-11; 1Corintios 8:6)

Creemos que el Señor Jesucristo es el eterno Hijo de Dios; el cual es verdadero Dios y verdadero hombre. Las Escrituras declaran: Su nacimiento virginal (Mateo 1:23; Lucas 1:31, 35); Su vida de perfecta obediencia al Padre y sin pecado (Hebreos 7:26; 1Pedro 2:22); Sus milagros (Hechos 2:22; 10:38); Su obra sustitutoria en la cruz, en la cual voluntariamente se entregó para expiación de los pecados de toda la humanidad, muriendo en la cruz como nuestro sustituto; satisfaciendo así la justicia divina y adquiriendo salvación para todos los que confían solo en Él (1 Corintios 15:3; 2Corintios 5:21).

 

Creemos en la resurrección corporal de Jesucristo de entre los muertos. Creemos que Él se levantó de la muerte en el mismo cuerpo en que vivió, pero glorificado (Mateo 28:6; Lucas 24:39; 1Corintios 15:4); en su ascensión al cielo y exaltación a la derecha de Dios (Hechos 1:9, 11; 2:23; Filipenses 2: 9-11; Hebreos 1:3; Apocalipsis 5: 1-14); y que se sentó a la diestra del Padre, donde Él, es el único mediador entre Dios y los hombres (1Timoteo 2:5), intercede continuamente por los suyos (Hebreos 7:25; Romanos 8:34). Creemos que Jesucristo ha de venir de nuevo a la tierra, personal y visiblemente, para consumar la historia y el plan eterno de Dios (Apoc. 22:12-13)

Creemos en la resurrección de aquellos creyentes que han dormido en Cristo y su traslado junto con los que estén vivos – el rapto de la iglesia – en la venida del Señor Jesús (1 Tesalonicenses 4: 16-17; Romanos 8:23; Tito 2:13; 1 Corintios 15: 51-52), antes de los acontecimientos bíblicos conocidos como “la gran tribulación y el reinado del anticristo”.

Creemos en el retorno visible de Jesús con sus santos, para reinar sobre la tierra por mil años. (Zacarías 14:5; Mateo 24:27, 30; Apocalipsis1:7; 19: 11-14; 20: 1-6).
Este reino milenial traerá la salvación de la nación de Israel. (Ezequiel 37: 21-22; Sofonías 3: 19- 20; Romanos 11: 26-27) Y también permitirá el establecimiento de una paz universal (Isaías 11: 6-9; Salmos 72: 3-8; Miqueas 4: 3-4).

Creemos que después del reinado milenial de Cristo, habrá un juicio final en el cual los muertos sin Cristo serán levantados y juzgados de acuerdo a sus obras. Cualquiera cuyo nombre no se halle inscrito en el libro de la vida, será lanzado al lago de fuego junto al diablo y sus ángeles, la bestia y el falso profeta; Y tendrán un tormento eterno en el lago que arde con fuego y azufre, el cual es la segunda muerte. (Mateo 25:46; Marcos 9:43-48; Apocalipsis 19:20; 20: 11-15; 21:8); mientras para los creyentes está escrita la alentadora palabra: “Nosotros, de acuerdo a Su promesa, esperamos los cielos nuevos y la tierra nueva, donde mora la justicia” (2Pedro 3:13;Apocalipsis 21 y 22; Juan 14: 2-3)

 

Creemos en el Espíritu Santo, que vino del Padre y el Hijo, para convencer al mundo de pecado, justicia y juicio; y regenerar, santificar y habilitar para el ministerio, a todos los que creen en Cristo. Creemos que el Espíritu Santo habita en cada creyente en Jesucristo y es un permanente Ayudador, Maestro y Guía. Creemos en el ministerio presente del Espíritu Santo, quien dota en forma única e individual a cada creyente, con dones para la edificación de la iglesia de Cristo. Es el Espíritu de Verdad, que da testimonio de Jesús y quien lleva a los creyentes al conocimiento de Dios y a la verdad completa; iluminando, enseñando y conduciendo en la Vida Nueva.

Es la Fuerza de lo alto para proclamar la Buena Nueva y dar testimonio con unción, valentía y poder; y se manifiesta en las señales que acompañan la Palabra proclamada; curando enfermos y expulsando demonios.

 

Sobre la dignidad y santidad de la vida humana:

Creemos en la dignidad y santidad de toda vida humana porque Dios creó al ser humano a Su imagen, como corona de la creación, masculino y femenino los creó, para que tuvieran comunión con Él. Creemos que después de crear las bestias, los animales, los reptiles, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie; Dios creó a su imagen y conforme a su semejanza, a un hombre adulto del polvo de la tierra y a una mujer adulta de una costilla del varón.

 

Creemos que la vida humana es de inestimable valor en todas sus dimensiones, desde la concepción hasta la muerte natural; en cualquier etapa o condición que se encuentre: Ya sea de bebés antes de nacer o recién nacidos; niños, jóvenes, adultos, ancianos; las personas con impedimentos físicos o mentales, y en cualquier otra etapa o condición. Por tanto, estamos llamados a defender, proteger, y apreciar el valor de toda vida humana. (Salmo 139)
Creemos que la vida del ser humano comienza al momento de la concepción y no en el nacimiento; por lo que rechazamos, sin excepción, todo tipo de aborto inducido o provocado.

También creemos que Dios, como dador de la vida, es el único que tiene el derecho de terminarla; por lo que también rechazamos la eutanasia en todas sus formas o consideraciones.

 

Sobre el género, la sexualidad y la unión matrimonial:

Creemos que Dios, maravillosa e inmutablemente, crea a cada persona como hombre o mujer (a quienes identificamos también como “hombre biológico” o “mujer biológica”; y también, “hombre de nacimiento” o “mujer de nacimiento”).

Estos dos géneros, complementarios y distintos, juntos reflejan la imagen y la naturaleza de Dios. ( Gen 1:26-27); por lo que el rechazo del sexo biológico de uno equivale al rechazo de la imagen de Dios dentro de esa persona.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”        (Génesis 1:27).

Estas palabras del Génesis recogen dos verdades fundamentales sobre la persona humana: Es creada “a imagen de Dios”; y es creada como “hombre y mujer”.

Dios crea al hombre y a la mujer iguales en su humanidad, con idéntica dignidad personal; y al mismo tiempo, en esencial y profunda relación de hombre y mujer. Toda persona es hombre o es mujer, por diseño y voluntad de Dios; y esta diferencia y reciprocidad – que no es sólo biológica, sino también afectiva y psicológica – alcanza a lo más profundo del corazón y al mismo modo de vivir y de dar expresión al amor.

Dios no crea al ser humano para que viva solo. En el plan de Dios, la diferencia sexual es un elemento constitutivo del hombre y de la mujer. La diferencia sexual, que no implica desigualdad, está profundamente inscrita en el ser de cada uno. Una concepción de la persona humana que tenga en cuenta su verdad y todas las dimensiones de su ser, pone de manifiesto que no se puede elegir ser hombre o mujer; sino que la diferencia sexual nos es dada en nuestra naturaleza personal con todas sus consecuencias.

Creemos que cualquier forma de inmoralidad sexual (incluyendo el adulterio, la fornicación, la conducta homosexual, la conducta bisexual, la pedofilia, las orgías, la bestialidad, el incesto, y el uso de la pornografía) es pecaminoso, abominable y ofensivo a Dios; y creemos que Él juzgará a todos los fornicarios y los adúlteros. (Levítico 18:1-30; Mateo 15:18-20; Romanos 1:24-32; 1 Corintios 6:9-10, 18-20; 7:2-5; Gálatas 5:19-21; Hebreos 13:4; Apoc. 21:8, 27; 22:15).

Creemos que Dios aprueba la relación sexual íntima solamente entre un hombre biológico adulto y una mujer biológica adulta, que están casados entre sí (Heb.13:4). Cuando un hombre y una mujer deciden, por amor, unir sus vidas en matrimonio y formar juntos una familia, reciben también la bendición de la procreación que Dios le dio a la primera pareja, al crearlos hombre y mujer:

Y los bendijo Dios diciendo:fructificad y multiplicaos. Llenad la tierra y sojuzgadla» (Gen 1:28).

Creemos que el término “matrimonio ” sólo tiene un significado: la unión de un hombre biológico adulto y una mujer biológica adulta. El matrimonio aprobado por Dios es esencialmente heterosexual; y se basa en la diferencia sexual, que es condición esencial para expresar con verdad la comunión conyugal.

Porque Dios ha ordenado el matrimonio y lo ha definido como la relación de pacto entre un hombre biológico, una mujer biológica, y Él mismo, en una única unión exclusiva, tal como se expone en la Escritura (Gén. 2:18-25); La Iglesia Nueva Vida (INVI) sólo reconoce el matrimonio entre personas adultas, que han sido de sexo opuesto desde su nacimiento: un hombre biológico y una mujer biológica.

Los pastores, ministros y empleados de esta iglesia, sólo podrán participar en las bodas y/o solemnizar matrimonios, entre un hombre biológico adulto y una mujer biológica adulta; Y además, en las instalaciones de INVI sólo se podrán celebrar bodas entre un hombre biológico adulto y una mujer biológica adulta.

Lo que creemos con respecto a la doctrina del pecado original:

Reconociendo que:

  • La Palabra de Dios nos enseña que hay un tiempo en la vida de una persona, cuando no está capacitado aún para elegir entre el bien y el mal (Deut. 1:39) Y no saben desechar lo malo y escoger lo bueno (Isaías 7: 15-16)
  • Adán y Eva fueron creados en estado de inocencia y eran buenos (Génesis 1: 27, 31)
  • Jesús usó a los niños como modelo de humildad (Mateo 18: 2-4)
  • Jesús también dijo que el reino de los cielos es de los niños (Marcos 10: 14-15)
  • El apóstol Pablo usa a los niños como modelo de pureza (1Corintios 14:20)
  • El pecado cometido personalmente es lo que separa de Dios a la persona que lo cometió (Isaías 59: 1-2)
  • Dios nos asegura que las consecuencias espirituales que vienen por el pecar, recaerán sobre la persona que cometió el pecado. Él dijo: “El alma que pecare, ésa morirá” (Ezequiel 18: 2-4, 20)
  • Dios juzgará a cada persona de acuerdo a las palabras ociosas que diga y por sus propias acciones (Mateo 12:36-37; Romanos 2:6; 2Cor. 5:10; Apocalipsis 20:12-15)
  • Cristo Jesús pagó el precio que Dios exigía para poder quitar el pecado de Adán (Romanos 5: 15-21; Hebreos 9). Él es el segundo Adán (1 Corintios 15: 45-49) que vino del cielo a restaurar lo que el primer Adán había perdido (Mateo 18:11), y nos redimió de la maldición (Gálatas 3:13)
  • Los primeros cristianos no creían ni enseñaban que los niños recién nacidos venían a este mundo siendo ya pecadores, sino que dicha doctrina fue introducida en el siglo V de nuestra era; y por causa de una base doctrinal mal fundamentada se han tenido que fabricar muchos otros errores doctrinales, tratando de justificar el primero.

En la Iglesia Nueva Vida creemos que la Biblia nos enseña que la vida del ser humano comienza al momento de la concepción y no en el nacimiento, que todos los seres humanos nacen en un estado de inocencia, al igual que sucedió con Adán en el huerto del Edén; y que cuando el hombre, al ejercer su libre albedrío o capacidad para decidir, toma la opción de desobedecer a Dios y se corrompe, sufre la muerte espiritual hasta que se arrepienta y reciba, también voluntariamente, la gracia del perdón y justificación de Dios a través de Cristo Jesús.

La Gracia de Dios.

El hombre fue creado bueno e íntegro; sin embargo el hombre por su voluntaria trasgresión, cayó e incurrió no solo en la muerte física, sino también en la muerte espiritual; la cual es la separación de Dios. (Génesis 1:26,27; 2:17; 3:6; Rom. 5:12-19)
Tentado por Satanás, el hombre se rebeló contra Dios, siendo alejado de su Creador pero responsable ante Él; y quedó sujeto a la ira divina. La única esperanza de redención para la humanidad es a través de la sangre derramada por Jesucristo, el Hijo de Dios. Creemos que el pecado separa de Dios (Isaías 59:1-15) y que toda práctica pecaminosa atenta contra el alma de la persona (Deut. 4:9; 1Pe.2:11-12).

Creemos que Dios ofrece perdón, redención y restauración a todos los que, buscando Su misericordia, se arrepienten y deciden abandonar sus pecados; los confiesan, y piden perdón a través y por los méritos de Jesucristo. (Hechos 3:19-21; 4:11-12; Romanos 10:9-10; 1Corintios 6:9-11.)

Creemos que la única esperanza de redención para la humanidad es a través de la sangre derramada por Jesucristo, el Hijo de Dios. La salvación es un regalo gratuito de Dios y solo se obtiene por Su gracia a través de la fe en Cristo Jesús. Cualquiera que se arrepienta de sus pecados y crea en Cristo y Su muerte sustitutoria, nace de nuevo para vida eterna por el Espíritu Santo y es declarado justo por Dios. Por medio del gran acto redentor de Cristo, un individuo se reconcilia con Dios como Padre y se vuelve Su hijo por el puro afecto de la voluntad de Dios. Al creyente se le perdona su deuda de pecado; es liberado de la ley del pecado y de la muerte; y es guiado hacia la libertad del Espíritu de Dios.

Condiciones para la Salvación:

La salvación es recibida a través del arrepentimiento hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo. Por el lavado de regeneración y la renovación del Espíritu Santo, siendo justificado por gracia mediante la fe, el hombre viene a ser heredero de Dios, de acuerdo a la esperanza de la vida eterna (Lucas 24:47; Juan 3:3; Romanos 10:13-15; Efesios 2:8; Tito 2:11; 3: 5-7)

La Evidencia de la Salvación:La evidencia interna de la salvación es el testimonio directo del Espíritu Santo. (Romanos 8:16); La evidencia externa para todos los hombres es una vida de justicia y verdadera santidad (Efesios 2:10; 4:24; Tito 2:12; Santiago 2: 14-26; 1Juan1: 5-6; 2:4-6; 3: 14-15; 4:20)

Perseverar en el camino que lleva a la gloria.

Es responsabilidad del creyente ocuparse de su salvación con temor y temblor
(Filipenses 2:12) y de permanecer fiel hasta la muerte (Mateo 24:13; 2 Corintios 7:1; 1Pedro 4:1- 4; 2 Pedro 2: 20-21; Apocalipsis 2:10); siempre en obediencia a la Palabra de Dios (Evangelio de Mateo, capítulos 5, 6 y 7)

Sobre la Iglesia.

Creemos que Dios, por medio de Su Palabra y Espíritu, crea a la iglesia; llamando a la humanidad pecadora al arrepentimiento y a formar parte del cuerpo de Cristo.
La iglesia no es una institución o denominación religiosa. Más bien, la verdadera iglesia de Cristo está conformada por todos aquellos verdaderos seguidores de Cristo en todas las generaciones, que se han apropiado personalmente de las buenas nuevas del evangelio y son hechas nuevas criaturas; siendo renovadas y llevadas hacia la perfección por medio del Espíritu Santo que habita en cada verdadero creyente. Por la misma Palabra y Espíritu, Dios guía y protege al creyente.

La iglesia existe para alabar y glorificar a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Además existe para servirle fielmente a Él, haciendo Su voluntad en la tierra. Esto implica un compromiso de colaborar con Dios para que el evangelio sea predicado en el mundo entero. Todos los miembros de la verdadera iglesia de Cristo deben ser una parte vital y comprometida de una iglesia local (Hebreos 10: 23-25). En este contexto son llamadas a andar en el Nuevo Pacto como el pueblo de Dios para demostrar la realidad del reino de Dios. Cristo ha dado dones ministeriales para equipar la iglesia (Efesios 4: 10-16), para su crecimiento y madurez. A través de los dones ministeriales, todos los miembros de la iglesia deben ser alimentados y equipados para el trabajo del ministerio.

En el contexto de la iglesia local, el pueblo de Dios recibe cuidado pastoral y la oportunidad de emplear los dones otorgados por Dios para servirle a Él, en relación a los unos y los otros, y al mundo.

Creemos que es el deseo de Dios que cada creyente sea lleno del Espíritu Santo y que sea santificado completamente, separado del pecado y totalmente dedicado a la voluntad de Dios. La Iglesia Nueva Vida reconoce que no puede obligar la conciencia de los miembros individuales en áreas donde la Escritura guarda silencio (Deuteronomio 29:29; Proverbios 25:2); más bien, cada creyente debe ser guiado a esas áreas por el Señor, ante Quien él o ella es responsable en última instancia.

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala. (Eclesiastés 12: 13-14).

Las ordenanzas de la iglesia

Creemos que el Señor Jesús ha dejado claramente establecidas dos (2) ordenanzas para Su iglesia:

El bautismo por inmersión y la Santa Cena.

La ordenanza del bautismo por inmersión es escritural. Todos los que se arrepienten y creen en Cristo Jesús como Salvador y Señor, tienen que ser bautizados. Al hacerlo así, el creyente declara al mundo que ha muerto con Cristo y que también ha sido resucitado con Él, para caminar en una nueva vida. El bautismo no es una sugerencia; es un mandamiento (Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 10: 47-48; Romanos 6:4); y no se debe bautizar a nadie que aún no haya creído (p.ej., a los recién nacidos)

La Santa Cena, Santa Comunión o Cena del Señor, la cual consiste de los elementos:

Pan y Vino, es el símbolo que expresa: Un memorial de Su sufrimiento y muerte (1Corintios 11:26); y Una profecía de Su segunda venida (1 Corintios 11:26). La Santa Cena es celebrada únicamente por los que tenemos el Espíritu de Cristo (Rom. 8:9); formamos parte Su cuerpo místico (1 Cor. 10:16-17; 12:12-27); tenemos la esperanza de participar de Su naturaleza divina (2 Pedro 1:4); y debe hacerse siempre de una manera digna, que no sea ofensiva a Dios (1 Cor. 11:27-32).

 

La Santificación.

Santificación es un acto de separación de aquello que es malo, y de dedicación a Dios. (Romanos 12:1,2; 1Tes. 5:23; Hebreos 13:12). Las Escrituras enseñan sobre una vida de santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). Por el poder del Espíritu Santo, nosotros somos capacitados para obedecer el mandato: “Sed santos, porque Yo Soy Santo” (1 Pedro 1:15-16).

La santificación es realizada en el creyente al reconocer su identificación con Cristo en Su muerte y resurrección, considerando siempre el hecho de esa unión por la fe; y por ofrecer continuamente cada facultad propia al dominio del Espíritu Santo. (Romanos 6: 1-11, 13; 8: 1-2, 13; Gálatas 2:20; Filipenses 2: 12, 13; 1 Pedro 1:5)

El sostenimiento de la obra de Dios

Entendemos que los miembros de la iglesia tienen la responsabilidad de sostener económicamente la obra de Dios; y reconocemos que los diezmos y las ofrendas tienen completo fundamento bíblico.

Creemos que los diezmos y las ofrendas forman parte del plan económico que Dios ha desarrollado desde antes de la promulgación de la Ley; por lo que no son parte de la Ley sino un principio de justicia, con el fin de Dios bendecir económicamente a los hermanos, en la medida que ellos cumplen con la obligación del sostenimiento de la obra. (Malaquías 3:10-12; Lucas 11:42; 1Cor. 9:6-9; Filipenses 4:18-20; Hebreos 7:1-2).

La sanidad divina.

La sanidad divina es parte integrante del evangelio. Se nos dio liberación de toda enfermedad en el sacrificio expiatorio de Cristo. Es otro privilegio de los creyentes (Isaías 53: 4-5; Mateo 8: 16- 17; Santiago 5: 14-16; 1 Pedro 2:24)

La Esperanza Bendita

La resurrección de aquellos creyentes que han dormido en Cristo y su traslado junto con los que estén vivos en la venida del Señor Jesús, es la inminente y bendita esperanza de la iglesia.
(1 Tesalonicenses 4: 16-17; Romanos 8:23; Tito 2:13; 1 Corintios 15: 51-52)

El Reinado Milenial de Cristo

La segunda venida de Cristo incluye el rapto de los santos, lo cual es nuestra bendita esperanza, seguido siete años más tarde por el retorno visible de Jesús con sus santos, para reinar sobre la tierra por mil años. (Zacarías 14:5; Mateo 24:27, 30; Apocalipsis 1:7; 19: 11-14; 20: 1-6)
Este reino milenial traerá la salvación de la nación de Israel. (Ezequiel 37: 21-22; Sofonías 3: 19- 20; Romanos 11: 26-27); Y también permitirá el establecimiento de una verdadera paz universal. (Isaías 11: 6-9; Salmos 72: 3-8; Miqueas 4: 3-4)

El Juicio de los Creyentes y el Juicio Final

Todos los creyentes en Cristo deberemos comparecer ante el Tribunal de Cristo y allí recibiremos galardón o rechazo, de acuerdo a lo que hayamos hecho (después de recibir a Cristo como nuestro salvador) mientras estábamos en el cuerpo. (2 Corintios 5:10; Romanos 14: 10-12) Habrá también un juicio final en el cual los muertos sin Cristo serán levantados y juzgados de acuerdo a sus obras y según el dictamen de sus conciencias. Cualquiera cuyo nombre no se halle inscrito en el libro de la vida, será lanzado al lago de fuego junto al diablo y sus ángeles, la bestia y el falso profeta; y tendrán un tormento eterno en el lago que arde con fuego y azufre, el cual es la segunda muerte. (Mateo 25:46; Marcos 9:43-48; Romanos 2: 11-16; Apocalipsis 19:20; 20: 11-15; 21:8)

Nuevos Cielos y Nueva Tierra

Nosotros, de acuerdo a Su promesa, esperamos los cielos nuevos y la tierra nueva, donde mora la justicia” (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21)

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